La chica incorrecta en todos los lugares equivocados.

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Soy patética.

Mayo 15, 2008 · 6 comentarios

Desde que estoy escribiendo en este blog me he dado cuenta de todo el tiempo que ha pasado desde que Matías y yo no estamos juntos, y me doy cuenta que ha pasado demasiado tiempo y yo sigo aferrada a su imagen, como si pudiese pasar algo maravilloso y fabuloso que le haga cambiar de opinión con respecto de mí y quiera volver a mis brazos.

Yo lo recibiría sin titubear.

***

Hoy me levanté y lo primero que pensé fue : Soy patética.

Soy una estudiante mediocre de periodismo, escribo como las pelotas, nadie me da bola, tengo un trabajo que me carga (aunque insista en decir lo contrario), soy fea, soy una flaca deforme, veo el futbol, tomo cerveza y bajo porno en mi computador para después pajearme, parezco un machote en vez de una mina, debería cambiar, nadie me da bola, tengo que ir más a clases, tengo que llegar temprano al trabajo aunque no quiera (y es que llego intencionalmente atrasada, con tal de dar razones para que me echen y así no irme por mi cuenta), tengo que estudiar, ser más metódica, necesito disciplina, nadie me da bola, mi pieza está desordenada y no ordeno ni a palos a menos que sea demasiado el desorden y ya tema por los microorganismos que deben estar viviendo en mi ropa sucia y me pueden comer mientras duermo, nadie me da bola, soy patética, Soy Patética son mayúsculas.

¿Así quien me va a dar bola? ¿Tengo que esperar a que los microorganismos de debajo de mi ropa sucia se conviertan en un generador de vida y de ahí saldrá un hombre que me quiera? ¿Cuántos millones de años de evolución tengo que esperar para que eso suceda?

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Primer post. Los lugares equivocados están en todas partes.

Abril 5, 2008 · Dejar un comentario

Lugar equivocado n°1: La cama de Jaime, el tonto fácil. Un par de semanas atrás.

Hablamos con Jaime acerca de nuestros respectivos días. Él me cuenta cosas que no me interesan.

O bueno, para ser un poco generosa: son cosas que sí me podrían interesar si me las contase alguien un poco más inteligente, alguien con un poco más de chispa. Yo hago un breve resumen de mi agotadora vida, pero siempre dejando entrever que me queda pila de sobra para toda la noche.

No tardamos demasiado en sacarnos la ropa. Es agradable, aquello. Dos cucharadas y a la papa, diría el Yegua. Mientras lo miro en sus boxers vuelvo a entender por qué insisto en volver ahí: su cuerpo es perfecto, como de modelo de ropa interior Calvin Klein. El mismo torso perfecto, delgado, esculpidísimo, pero no exagerado. El mismo paquete gigantesco debajo del boxer.

En seguida lo desnudo y pienso: Me estoy follando la pija más grande que he visto en mi vida. Como siempre, me lo meto a la boca para corroborar: si me cabe en la boca, me cabrá adentro. Me calienta caer en cuenta de que su pija me entra apenas en la boca. Más aún, me calienta escuchar como se queja semisilencioso.

Luego me incorporo y gateo hacia su boca; me acerco, mas no lo beso, sino que me voy directo a su oreja.

- Si sientes que voy a gritar, me tapas la boca, prométemelo. – Digo, pensando que Jaime vive con tres chicas, una de las cuales es mi amiga y compañera de trabajo.

- Te lo prometo. – Contesta él, y mientras lo dice yo tomo su pija enorme con mi mano derecha, mientras con la izquiera me abro el coño y comienzo a administrar lentamente como me la mete. Lo hago tan lento que su desesperación por metérmela entera puedo llegar a olerla. Lo disfruto. Antes de que llegue hasta el fondo, me salgo casi entera; dejo sólo la punta de pu pija en la entrada de mi coño.

Y me quedo así por un rato. Cuando ya no podemos más de calientes – yo también estaba desesperada por que me la metiese entera – me agarra la cintura con fuerza y me penetra hasta el fondo. Me duele. Ambos gritamos contenidos.

Luego lo cabalgo por varios minutos. Gloriosos para él, que se muerde los labios para no gritar (sé lo que tipeo: hemos estado solos en reiteradas ocasiones y – la gloria!!! – grita muchísimo). Al cabo que yo empiezo a perder el ritmo, Jaime se inquieta y me pone en cuatro, me embiste, hace que me duela, con una mano se afirma y con la otra me tapa la boca, lo lo muerdo, grito contenida, el grita también.

Me despero por recuperar mi posición, lo siento en la cama con sus pies apoyados en el piso, y comienzo a cabalgarlo nuevamente, esta vez él también marca el ritmo a ratos. Me come los pezones, me agarra el culo con ambas manos para dirigir mis movimientos. Y mientras eso se me arranca un grito tan grande que él atina a cerrarme la boca.

Ahí, jadeante y ya sabiendo que debo hablar despacio, emito casi como susurro, casi entre sollozos: Ma…tí…as… Vi….lla…, follas como debe follar dios.

El grita, está terminando. Yo acabo una, dos veces. Luego me tumbo a su lado y por primera vez en minutos abro los ojos: No estoy en mi casa. Ni estoy con Matías. Estoy con Jaime, que a mi lado me masajea la espalda, y ante mi no-respuesta se levanta por un pucho. Lo contemplo (mencioné ya su cuerpo digno de Calvin Klein Underwear?) mientras se acuesta a mi lado, dice un par de cosas que yo respondo con monosílabos, y se duerme.

Yo no duermo. Esto debería acabarse aquí, pienso. Esto debería acabarse aquí.

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Daniel cachondo. Presentación.

Marzo 9, 2008 · Dejar un comentario

Él no me llama casi nunca.
Hubo algún tienpo donde me llamó a veces. Eso sí.

A pesar de todo, lo considero bastante normal, ya que él y yo no teníamos ninguna relación. Nada. Sólo cogíamos esporádicamente.

Él a mí me gusta a veces sí y a veces no. Se podría decir que hay una relación casi directamente proporcional cuánto me gusta y cuánto me llama.

Es raro, eso sí lo que me pasa con él.

A mí antes me gustaba más que la cresta y eso que él nisiquiera me miraba.
El primer día de clases de mi primer año en diseño lo vi y me encantó y deseé que por favor por favor por favor todos los niños que esa Facultad fueran así de bonitos.

Obviamente el deseo no se me cumplió (salvo por dos o tres) pero el destino fue más cruel aún: me puso a este chico lindo de monitor de taller.
Y para los que han estudiado o conocen gente que estudie diseño, saben que el taller es el ramo más pseudo-importante y en el que gastas más tiempo y el con más horas de clases.

Así que ahí estaba él, cada martes, cada jueves, toda la mañana, de nueve a 2 de la tarde, enfundadito en su ropa, su corte de pelo y su actitud fashionista.
Yo, que era una chica provinciana de 17 años recién llegada a la cuidad (léase una pendeja fácilmente impresionable) lo adoraba, lo juro.

Con el tiempo lo conocí y agarramos muy buenas ondas y me di cuenta que tan tan maravilloso no era y se me pasó el gusto y él se fue de la facultad así que también del monitoreo y no lo ví más.

Hasta hace más de dos ya.
Me lo encontré en el súpermercado que quedaba cerca de la casa de mi ex. Mi ex ya era mi ex, pero yo igual me quedaba allá porque no tenía casa y mi ex escondía su aún ardiente deseo con la caritatividad que yo necesitaba.

Saludo con sorpresa, abrazo, puesta al día. Él vivía cerca.
- Pololeando?
- No, y tú?
- Tampoco…

No sé con qué cara nos miramos, pero la próxima vez que nos encontramos terminamos encamados. Y yo que hallaba que tener sexo en la primera cita era lo peor de lo peor.

Eso sí, no me voy a explayar con mi rollo del sexo-o-no-sexo por que al momento no viene.

Siguiendo con la historia, el resto de las semanas nos seguimos viendo. Algunas semanas harto, otras poco. Siempre follando con la misma intensidad; siempre él comportándose de una manera tan perfecta; tan sutil a veces, tan fuerte y decidido siempre. Justo lo que necesitaba. Eso fue los primeros seis meses. Luego los encuentros se espaciaron a una vez al mes, a ratos menos, a ratos más. Sí debo decir que durante los dos meses de relación con Matías Villa no me junté ni una vez con él.

Emocionalmente no nos involucramos. Eso es raro porque a ratos pienso que teníamos todo para hacerlo, pero por alguna extraña razón yo sabía que no había que hacerlo no más. Como una regla no escrita. Un acuerdo tácito que decía que podíamos hacer cualquier cosa juntos, como mirar películas abrazados, cocinarnos o improvisar picnics en el parque. Así como también podéamos hacer cualquier cosa separados, como besarnos, enamorarnos y/o follarnos a quien fuese.
Debo admitir, en todo caso que lo quise. Lo quiero.
Pero no en ése extraño sentido del querer como cuando eres pololo y lo único que quieres es estar con el oro y poseerlo y la vida juntos y huevadas así. Lo quiero por ése cariño entrañable que tiene la gente cuando pasa mucho tiempo junta compartiendo cosas. Nunca nos propusimos ser novios ni nada por el estilo, pero siento que logramos conectarnos por otros lados.
Como cuando dormíamos abrazados, o cuando conversamos algunas cosas importantes.

Ahora último, lo he visto bien poco. Igual, tengo la sensación de que siempre está ahí.

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Y el día que conozco a Matías Villa. (parte 1, primeras impresiones)

Septiembre 7, 2007 · Dejar un comentario

Él me esperaría en la entrada del MAC. Cuatro en punto.

Yo camino hacia el MAC a las 4.02 minutos. Siempre está la opción de que sea un impuntual, y en ése caso no pretendo esperar demasiado.

No lo veo. Estoy nerviosa.

De pronto, se levanta una figura sentada en las escaleras, tapado antes por las rejas del mismo museo, y camina hacia mí.

Es rubio (eso ya lo sabía), cara de cuico (eso también) y muy alto (eso también lo sabía, pero no pensé que tanto). Mide como 1,88. Lo observo de pies a cabeza: Claro que me gusta. Me encanta él y su camisetita a rayas naranjas y azules con gorrito y manga tres cuartos. Me encanta él y sus lentes (que no son los típicos de “neointelectual”, esos de marco grueso, sino unos modernos pero más simples). Camina bonito. Sorpresa, también habla como un cuico, pero decido que eso no me importe demasiado.

Creo que me gusta. En un momento dejo de poner atención a lo que él dice y noto que tengo revuelto el estómago. Claro que me gusta, me digo a mi misma, pensando que si lo acepto se me pasarían los nervios, pero no: El dolor de guata continuaría toda la tarde. Y la noche.

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Y el día antes…

Septiembre 6, 2007 · Dejar un comentario

Estoy en el cyber. Le saqué fotos a la carta que le escribí y la subo a un blog.

Reviso el correo. En mis mensajes nuevos, hay uno de él, que dice que se mejoró y que caminó toda la tarde por el parque forestal esperando encontrarse con alguien. Pienso en cómo desperdicié la tarde intentando pasar la maldita resaca de la cocaína en vez de haber paseado por el parque y encontrarmelo casualmente.

Hubiese sido divertido.

Me conecto a msn, le doy la dirección a Matías. Se muestra por msn lo más emocionado que alguien puede llegar a demostrar por msn.

Él: Mañana entonces…

Yo: Dale, mañana.

Intercambiamos números de celular.

A las 3.45 me llega el primero de muchos mensajes que me enviará: “Como que me duele la guata de nervios“.

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Matías Villa. Dos días antes de conocerlo (quizás el peor de mi vida)

Septiembre 6, 2007 · Dejar un comentario

Los Rodríguez son dos, y viven conmigo. Compartimos departamento hace dos años. Son como mis hermanos, me apañan y los apaño. Uno es más grande que yo por nueve años, y el otro más chico por uno. El más chico me llama “hermana”. Yo los adoro y ellos me adoran a mí. Nos cuidamos todo el tiempo.

Llega a mi departamento uno de los rodríguez. El otro está durmiendo, y yo estoy con mi amigo el Talentoso señor esténcil. Él me llora sus penas de amor y yo le escucho atenta. El rodríguez mayor aparece por la puerta hablando fuerte, gritando cosas, moviéndose de un lado al otro.

Con el Talentoso señor sténcil nos miramos. Él no es así de ruidoso nunca. Algo anda mal. Se pasea de su pieza al living, una y otra vez, nos cuenta algunas cosas, no sabemos de qué nos habla, pero habla, habla y habla. Dice puras cosas que no somos capaces de entender. Entra y sale de su pieza, del baño, mueve las manos, se sienta con nosotros, luego se para.

De nuevo se sienta. Abre un paquete. Es cocaína. Suficiente para un grupo. Nunca la he probado, pero he visto varias veces a gente consumiendo. Me parece feo y violento. No me gusta cómo se pone la gente. De más está decir que no me gustó ver a Rodríguez mayor en ése estado. Así, jalado, duro, puesto, o como le digan.

Nos cuenta que se la regaló su jefe. Que necesita consumirla toda esa misma noche. Que de otro modo quien se la regaló luego le pediría de vuelta. Yo le pregunto cuál es el problema con eso, con que se la pida de vuelta. Y él me explica que en el código de jaleros existe una serie de normas que implican que a quien te ha dado, debes darle de vuelta, y que si le das una vez, luego tendrás que volver a darle otra y otra vez. Nos dice que tenemos que deshacernos de ella. Yo le digo que “deshacernos es mucha gente” y que mejor la bote por el excusado o que la venda y así me regale alguna cosa. Él me dice que no, que hay que consumirla y a continuación nos ofrece a los dos, mientras con su pase del metro filetea cada línea con la maestría de quien lo ha hecho muchas, muchas veces.

Nos cuenta que él tuvo una época donde situaciones como ésta eran pan de cada día. Detalla cada aspecto del efecto de un jale. Nos vuelve a ofrecer. De algún lado saca una pajita del mac’donalds. El Talentoso señor esténcil acepta, dice que es su primera vez y quiere saber qué se siente. El rodríguez mayor nos dice que sí, que mejor que la probemos ahí, en confianza y así sabemos de qué se trata y no andamos probando en lugares inseguros. Nos explica que el paquete que le regalaron es de incríble calidad, que él consumía en el caribe cuando vivió ahí y que sabe de lo que habla. Me preguntan si quiero y yo insisto en negarme. Me niego por media hora, quizás más, pero luego accedo pensando en que: (a) estoy con dos personas que quiero y confío, no podría salir mal, (b) en cualquier otra situación esto podría salir pésimo, (c) probablemente no me guste, así que no saldré adicta, (d) en el caso de que sí me guste, estoy lejos de tener el dinero y los recursos para consguirla, (e) no hay alcohol y es demasiado tarde para salir a comprar así que no haré la mezcla maldita, (f) en el peor de los casos, Rodríguez menor está durmiendo y puedo contar con despertarlo y pedirle ayuda, (g) tengo que probar las cosas alguna vez, no?, (h) la droga es de buena calidad, así sé que estoy probando eso y sólo eso y no cal, harina o benzodiazepinas molidas.

Todos jalamos. Dos líneas cada uno, y aún queda más de la mitad. Yo comienzo a sentir un hormigueo en la nariz, como mocos. Me sueno una y otra vez, pero la sensación no se va con nada. Luego, viene la sed. Tomo agua, lleno el vaso cada no sé cuánto. Pierdo la noción del tiempo.

Rodríguez mayor nos cuenta que nos van a dar ganas de hablar, que nos subirá una suerte de soberbia, de egolatría y nos pondremos extrovertidos. Cosas típicas, nos dice. Él y el Talentoso señor esténcil hablan de cosas. Yo no escucho, yo estoy concentrada esperando identificar los efectos, los mocos los siento colgando, pero me toco y no tengo mocos ni en la nariz, mi mandíbula parece una castañuela tocada con una furia insospechada, Paco de Lucía estaría asombrado, escucho que hablan, pero no identifico las palabras, estoy sacada, tengo frío, tengo ganas de salir a correr por las calles, me voy a mi pieza, me cambio de ropa, veo que ellos hablan pero me siento invisible o por lo menos muy lejos de ellos, quiero salir, miro mi bicicleta con deseo y algo murmullo al respecto, pero ellos no me escuchan porque estoy invisible o por lo menos muy lejos, la nariz sigue hormigueando, la mandíbula castañueleando, nada me parece bien. Tengo angustia. Nada de lo que me dijeron que pasaría sucede. Ellos discuten, yo estoy sintiéndome tan invisible, tan pequeña, quiero ser contenida, quiero que me quieran. Voy a la cama del Rodríguez menor y me siento a sus pies, lo miro dormir tres horas o cinco minutos, y no lo sé porque no tengo noción del tiempo.

Agarro mi celular.

- Daniel… estás despierto?

- Sí, estoy en imprenta. El diario, tu ya sabes.

- Sí.

- ¿Pasa algo? ¿Por qué me llamas a las cinco de la mañana?

- Estoy angustiada. Necesito un abrazo. ¿Me puedo ir a tu depa?

- Estoy en imprenta. En Pajaritos, ni siquiera sé qué paradero. ¿Qué pasó?

- Jalé.

Me reta por un minuto o diez, no tengo noción del tiempo. Me pregunta varias veces por qué lo hice, yo le digo las razones de la a a la h y él se queda callado un rato. Yo escucho mi propia respiración acelerada y él no dice nada.

- Te llamo cuando llegue a la casa.

- ¿De verdad puedo dormir en tu casa?

- Sí. Ándate en taxi. Te llamo para avisarte.

Me despido y cuelgo. Rodríguez mayor y el Talentoso señor esténcil siguen conversando y discutiendo y yo sigo siéndoles indiferente hasta que el primero me ofrece jalar más, no sé si antes o después de la llamada, pero yo acepto pensando que quizás si lo hago de nuevo me pongo en el mismo estado que ellos y lo hago, pero no pasa nada, sigo angustiada, me duele el pecho, no sé qué hacer, me cambio de ropa de nuevo, la otra me molestaba y ellos siguen conversando y discutiendo y hablan fuerte y parece que no les importa, y yo en algún momento me dejo de hacer la invisible y ellos se dan cuenta que no hablo y me preguntan que me pasa y les digo que estoy angustiada y que quiero dormir y no tengo sueño.

Entonces, Rodríguez mayor saca un porro y yo se lo agradezco de todo corazón y me lo fumo, casi entero, les doy poquito y por cada calada que voy dando me digo a mi misma “por favor vuelve a un estado conocido”, y de pronto me da sueño y me siento bien, entonces me voy a acostar y sigo repasando el diccionario porque estoy leyendo la letra f (ya contaré por qué) y me quedo dormida.

Al otro día, que fue jueves, despierto con la caña más horrible y angustiosa de mi vida. Me duele tanto la cabeza que creo que me voy a morir. Duermo todo el día. En la noche me levanto, le escribo una carta a Matías Villa y voy al cyber.

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Matías Villa. Msn.

Septiembre 4, 2007 · Dejar un comentario

Día 1: A la primera conversación creo que ya me gusta. Él quiere saber todo sobre mí, pregunta tantas cosas, me piropea en exceso, se muestra sorprendido, me responde todo lo que pregunta.

Casi tres horas en total, que me salen casi un riñón porque justo ése día estaba en un cybercafé caro.

Día 2: Estamos intercambiando fotos. Es el mismo cuico rubio de ojos azules que vi en su blog, pero quizás me manda fotos con mejores ángulos, pero quizás ya no hay vuelta atrás y ya me gusta: Lo encuentro guapo. Hablamos de esténcil e intercambiamos fotos de los nuestros (hace esténcil; mil puntos para él, pienso). Quedamos de juntarnos a hacer esténcil.

Como dos horas.

Día 3: Casi tres horas. Casi al final, le pregunto en una arriesgadísima movida:

Yo: ¿Nos gustamos nosotros?

Él: Parece que sí…

Yo: Entonces creo que deberíamos conocernos lo antes posible. Nada peor que embalarse por msn y decepcionarse después, cierto?

Él: te encuentro toda la razón.

Yo: Con mayor razón, insisto en lo de “lo antes posible”

Él: por mí que fuese ahora mismo, pero estoy enfermo en cama.

Yo: te parece que sea cuando te mejores?

Él: Me parece.

Día 4: Lo mismo de los días anteriores, disfruto de escribirnos, se ve que él también, y yo me encuentro nerviosísima deseando que se mejore pronto, y así conocerlo.

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Matías Villa. Un acercamieto (parte 3)

Septiembre 2, 2007 · Dejar un comentario

Y lo que pasa durante todo agosto es que no podemos parar de postearnos.

Hacía falta un movimiento. Demasiada buena onda, demasiada onda.

Era hora de jugármela.

Simple y concisa:

“Utiliza usted mensajería instantánea?”

Una hora después recibo un mail con su dirección de msn. No lo agrego hasta el día siguiente. Estoy ansiosa, pero no puedo parecerlo.

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Matías Villa. Un acercamiento (parte 2)

Agosto 10, 2007 · Dejar un comentario

Alguien postea en mi post sobre lo que Matías escribió.

Me duele el estómago al darme cuenta que es él.

“No pidas perdón nena (Me dijo nena? Cómo supo que me encanta eso?). Hubieras hecho un copy-plagio, y reemplazado con tus queridos y frecuentes los nombres que allí aparecen. Como mi me dan ganas de hacerlo a veces con cosas tuyas. (O-se-a. También le encanta cómo escribo, me está piropeando. Esto podría interpretarse casi como un “escribes tan bien que me gustaría escribir como tú”)
Gracias por lo demás.”

O-se-a, les gusto? Tendrá él también el código que yo manejo, el de buen escritor=persona cachonda que me puede gustar?

Tenemos que averiguarlo. Y pronto, que ya voy para los dos años sola y me estoy aburriendo.

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Matías Villa. Un acercamiento (parte 1)

Agosto 10, 2007 · Dejar un comentario

Como todos los días, entro a su blog.

Lo que leo esta vez, me encanta:

Cortarse.

Cuando uno actúa de una forma diferente a como le nace. Cuando uno quiere saludar y se están despidiendo de uno. Cuando la energía no fluye entre las personas, sino que se interrumpe, por alguna razón se establece una muralla. Cuando todo el ímpetu que viene del alma, se queda estancado en el cerebro, en la cara con una expresión desconcertada y anhelante, en las mejillas y su rojez. Cuando uno planea hacer algo, antes de hacerlo. Y todo esto es culpa de las estúpidas reglas de la sociedad, que nos dice que para ser queridos y ser bacanes, para dejar de sufrir por roturas de corazón, hay ciertas ocaciones en las que uno debe bajar una pata a modo de ancla del tobogán energético, como una vieja cobarde. Todo esto también es culpa de la tecnología y el messenger. Cada vez la distancia es menos un problema para el hombre, y uno empieza a camuflar la expresividad y las emociones en zumbidos, mensages de textos, letras llenas de seguridad y planeamiento que nos tienen unidos constantemente en una tonalidad tenue, sin olores ni cejas, ni abrazos ni coherencia.
El arte también es un aliciente para cortarse; la maldita obsesión del ser humano de crear, de expresar sus energías internas en algo externo que pueda ser admirable, que por consiguiente, de alguna forma retorcida, convierta en admirable su mundo interno. La tramap de crear es que la obra se puede arreglar, se le puede agregar a medida que van ocurriendo ideas. El arte no debiera ser acumulativo ni tener la intención de perdurar, si no simples actos y expresiones. Simplemente una fluidez energética expresada en conductas.

No sé porque me corto en decirte que me podría enamorar de tí. Darle un beso al Juan, Al José a la Romi y la Maritza que los quiero. Decirle a mi viejo tantas cosas que entre hombres no se dicen. Decirle a los Marco, a los Manolos Luises y a las Saras que los admiro, que van bien en la vida, aunque no lo vean. No se porqué me corto en decirle Al Pablo y Al Carlos que me encantaría ser más amigo de ellos. Me corta pedir perdón y desconfirmarle a alguna gente que cree que les tengo mala onda. Me corta escuchar la música que me gusta en frente de otra gente, y bailar como lo hago cuando estoy solo. Me corta cantar con alguna gente, y canto tan afinadito con otra gente. En fin, cuesta sintonizarse, porque cuesta salir a la calle.

Me sentí tan profundamente conmovida por su post que no me quedó otra que linkearlo directamente en uno de mis post (Escribo: “Matías, lo siento. Este es el post más jodidamente cabrón que he leído últimamente y tengo que linkearlo porque necesito que todo el mundo lo lea y sepa que me identifico plenamente.”). Se trata de el halago más grande que le he hecho a alguien. Sé que es cybernético (en vivo he hecho mucho mejores) pero vamos, ni siquiera lo conozco.

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