La chica incorrecta en todos los lugares equivocados.

Y el día que conozco a Matías Villa. (parte 1, primeras impresiones)

Septiembre 7, 2007 · Dejar un comentario

Él me esperaría en la entrada del MAC. Cuatro en punto.

Yo camino hacia el MAC a las 4.02 minutos. Siempre está la opción de que sea un impuntual, y en ése caso no pretendo esperar demasiado.

No lo veo. Estoy nerviosa.

De pronto, se levanta una figura sentada en las escaleras, tapado antes por las rejas del mismo museo, y camina hacia mí.

Es rubio (eso ya lo sabía), cara de cuico (eso también) y muy alto (eso también lo sabía, pero no pensé que tanto). Mide como 1,88. Lo observo de pies a cabeza: Claro que me gusta. Me encanta él y su camisetita a rayas naranjas y azules con gorrito y manga tres cuartos. Me encanta él y sus lentes (que no son los típicos de “neointelectual”, esos de marco grueso, sino unos modernos pero más simples). Camina bonito. Sorpresa, también habla como un cuico, pero decido que eso no me importe demasiado.

Creo que me gusta. En un momento dejo de poner atención a lo que él dice y noto que tengo revuelto el estómago. Claro que me gusta, me digo a mi misma, pensando que si lo acepto se me pasarían los nervios, pero no: El dolor de guata continuaría toda la tarde. Y la noche.

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Y el día antes…

Septiembre 6, 2007 · Dejar un comentario

Estoy en el cyber. Le saqué fotos a la carta que le escribí y la subo a un blog.

Reviso el correo. En mis mensajes nuevos, hay uno de él, que dice que se mejoró y que caminó toda la tarde por el parque forestal esperando encontrarse con alguien. Pienso en cómo desperdicié la tarde intentando pasar la maldita resaca de la cocaína en vez de haber paseado por el parque y encontrarmelo casualmente.

Hubiese sido divertido.

Me conecto a msn, le doy la dirección a Matías. Se muestra por msn lo más emocionado que alguien puede llegar a demostrar por msn.

Él: Mañana entonces…

Yo: Dale, mañana.

Intercambiamos números de celular.

A las 3.45 me llega el primero de muchos mensajes que me enviará: “Como que me duele la guata de nervios“.

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Matías Villa. Dos días antes de conocerlo (quizás el peor de mi vida)

Septiembre 6, 2007 · Dejar un comentario

Los Rodríguez son dos, y viven conmigo. Compartimos departamento hace dos años. Son como mis hermanos, me apañan y los apaño. Uno es más grande que yo por nueve años, y el otro más chico por uno. El más chico me llama “hermana”. Yo los adoro y ellos me adoran a mí. Nos cuidamos todo el tiempo.

Llega a mi departamento uno de los rodríguez. El otro está durmiendo, y yo estoy con mi amigo el Talentoso señor esténcil. Él me llora sus penas de amor y yo le escucho atenta. El rodríguez mayor aparece por la puerta hablando fuerte, gritando cosas, moviéndose de un lado al otro.

Con el Talentoso señor sténcil nos miramos. Él no es así de ruidoso nunca. Algo anda mal. Se pasea de su pieza al living, una y otra vez, nos cuenta algunas cosas, no sabemos de qué nos habla, pero habla, habla y habla. Dice puras cosas que no somos capaces de entender. Entra y sale de su pieza, del baño, mueve las manos, se sienta con nosotros, luego se para.

De nuevo se sienta. Abre un paquete. Es cocaína. Suficiente para un grupo. Nunca la he probado, pero he visto varias veces a gente consumiendo. Me parece feo y violento. No me gusta cómo se pone la gente. De más está decir que no me gustó ver a Rodríguez mayor en ése estado. Así, jalado, duro, puesto, o como le digan.

Nos cuenta que se la regaló su jefe. Que necesita consumirla toda esa misma noche. Que de otro modo quien se la regaló luego le pediría de vuelta. Yo le pregunto cuál es el problema con eso, con que se la pida de vuelta. Y él me explica que en el código de jaleros existe una serie de normas que implican que a quien te ha dado, debes darle de vuelta, y que si le das una vez, luego tendrás que volver a darle otra y otra vez. Nos dice que tenemos que deshacernos de ella. Yo le digo que “deshacernos es mucha gente” y que mejor la bote por el excusado o que la venda y así me regale alguna cosa. Él me dice que no, que hay que consumirla y a continuación nos ofrece a los dos, mientras con su pase del metro filetea cada línea con la maestría de quien lo ha hecho muchas, muchas veces.

Nos cuenta que él tuvo una época donde situaciones como ésta eran pan de cada día. Detalla cada aspecto del efecto de un jale. Nos vuelve a ofrecer. De algún lado saca una pajita del mac’donalds. El Talentoso señor esténcil acepta, dice que es su primera vez y quiere saber qué se siente. El rodríguez mayor nos dice que sí, que mejor que la probemos ahí, en confianza y así sabemos de qué se trata y no andamos probando en lugares inseguros. Nos explica que el paquete que le regalaron es de incríble calidad, que él consumía en el caribe cuando vivió ahí y que sabe de lo que habla. Me preguntan si quiero y yo insisto en negarme. Me niego por media hora, quizás más, pero luego accedo pensando en que: (a) estoy con dos personas que quiero y confío, no podría salir mal, (b) en cualquier otra situación esto podría salir pésimo, (c) probablemente no me guste, así que no saldré adicta, (d) en el caso de que sí me guste, estoy lejos de tener el dinero y los recursos para consguirla, (e) no hay alcohol y es demasiado tarde para salir a comprar así que no haré la mezcla maldita, (f) en el peor de los casos, Rodríguez menor está durmiendo y puedo contar con despertarlo y pedirle ayuda, (g) tengo que probar las cosas alguna vez, no?, (h) la droga es de buena calidad, así sé que estoy probando eso y sólo eso y no cal, harina o benzodiazepinas molidas.

Todos jalamos. Dos líneas cada uno, y aún queda más de la mitad. Yo comienzo a sentir un hormigueo en la nariz, como mocos. Me sueno una y otra vez, pero la sensación no se va con nada. Luego, viene la sed. Tomo agua, lleno el vaso cada no sé cuánto. Pierdo la noción del tiempo.

Rodríguez mayor nos cuenta que nos van a dar ganas de hablar, que nos subirá una suerte de soberbia, de egolatría y nos pondremos extrovertidos. Cosas típicas, nos dice. Él y el Talentoso señor esténcil hablan de cosas. Yo no escucho, yo estoy concentrada esperando identificar los efectos, los mocos los siento colgando, pero me toco y no tengo mocos ni en la nariz, mi mandíbula parece una castañuela tocada con una furia insospechada, Paco de Lucía estaría asombrado, escucho que hablan, pero no identifico las palabras, estoy sacada, tengo frío, tengo ganas de salir a correr por las calles, me voy a mi pieza, me cambio de ropa, veo que ellos hablan pero me siento invisible o por lo menos muy lejos de ellos, quiero salir, miro mi bicicleta con deseo y algo murmullo al respecto, pero ellos no me escuchan porque estoy invisible o por lo menos muy lejos, la nariz sigue hormigueando, la mandíbula castañueleando, nada me parece bien. Tengo angustia. Nada de lo que me dijeron que pasaría sucede. Ellos discuten, yo estoy sintiéndome tan invisible, tan pequeña, quiero ser contenida, quiero que me quieran. Voy a la cama del Rodríguez menor y me siento a sus pies, lo miro dormir tres horas o cinco minutos, y no lo sé porque no tengo noción del tiempo.

Agarro mi celular.

- Daniel… estás despierto?

- Sí, estoy en imprenta. El diario, tu ya sabes.

- Sí.

- ¿Pasa algo? ¿Por qué me llamas a las cinco de la mañana?

- Estoy angustiada. Necesito un abrazo. ¿Me puedo ir a tu depa?

- Estoy en imprenta. En Pajaritos, ni siquiera sé qué paradero. ¿Qué pasó?

- Jalé.

Me reta por un minuto o diez, no tengo noción del tiempo. Me pregunta varias veces por qué lo hice, yo le digo las razones de la a a la h y él se queda callado un rato. Yo escucho mi propia respiración acelerada y él no dice nada.

- Te llamo cuando llegue a la casa.

- ¿De verdad puedo dormir en tu casa?

- Sí. Ándate en taxi. Te llamo para avisarte.

Me despido y cuelgo. Rodríguez mayor y el Talentoso señor esténcil siguen conversando y discutiendo y yo sigo siéndoles indiferente hasta que el primero me ofrece jalar más, no sé si antes o después de la llamada, pero yo acepto pensando que quizás si lo hago de nuevo me pongo en el mismo estado que ellos y lo hago, pero no pasa nada, sigo angustiada, me duele el pecho, no sé qué hacer, me cambio de ropa de nuevo, la otra me molestaba y ellos siguen conversando y discutiendo y hablan fuerte y parece que no les importa, y yo en algún momento me dejo de hacer la invisible y ellos se dan cuenta que no hablo y me preguntan que me pasa y les digo que estoy angustiada y que quiero dormir y no tengo sueño.

Entonces, Rodríguez mayor saca un porro y yo se lo agradezco de todo corazón y me lo fumo, casi entero, les doy poquito y por cada calada que voy dando me digo a mi misma “por favor vuelve a un estado conocido”, y de pronto me da sueño y me siento bien, entonces me voy a acostar y sigo repasando el diccionario porque estoy leyendo la letra f (ya contaré por qué) y me quedo dormida.

Al otro día, que fue jueves, despierto con la caña más horrible y angustiosa de mi vida. Me duele tanto la cabeza que creo que me voy a morir. Duermo todo el día. En la noche me levanto, le escribo una carta a Matías Villa y voy al cyber.

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Matías Villa. Msn.

Septiembre 4, 2007 · Dejar un comentario

Día 1: A la primera conversación creo que ya me gusta. Él quiere saber todo sobre mí, pregunta tantas cosas, me piropea en exceso, se muestra sorprendido, me responde todo lo que pregunta.

Casi tres horas en total, que me salen casi un riñón porque justo ése día estaba en un cybercafé caro.

Día 2: Estamos intercambiando fotos. Es el mismo cuico rubio de ojos azules que vi en su blog, pero quizás me manda fotos con mejores ángulos, pero quizás ya no hay vuelta atrás y ya me gusta: Lo encuentro guapo. Hablamos de esténcil e intercambiamos fotos de los nuestros (hace esténcil; mil puntos para él, pienso). Quedamos de juntarnos a hacer esténcil.

Como dos horas.

Día 3: Casi tres horas. Casi al final, le pregunto en una arriesgadísima movida:

Yo: ¿Nos gustamos nosotros?

Él: Parece que sí…

Yo: Entonces creo que deberíamos conocernos lo antes posible. Nada peor que embalarse por msn y decepcionarse después, cierto?

Él: te encuentro toda la razón.

Yo: Con mayor razón, insisto en lo de “lo antes posible”

Él: por mí que fuese ahora mismo, pero estoy enfermo en cama.

Yo: te parece que sea cuando te mejores?

Él: Me parece.

Día 4: Lo mismo de los días anteriores, disfruto de escribirnos, se ve que él también, y yo me encuentro nerviosísima deseando que se mejore pronto, y así conocerlo.

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Matías Villa. Un acercamieto (parte 3)

Septiembre 2, 2007 · Dejar un comentario

Y lo que pasa durante todo agosto es que no podemos parar de postearnos.

Hacía falta un movimiento. Demasiada buena onda, demasiada onda.

Era hora de jugármela.

Simple y concisa:

“Utiliza usted mensajería instantánea?”

Una hora después recibo un mail con su dirección de msn. No lo agrego hasta el día siguiente. Estoy ansiosa, pero no puedo parecerlo.

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Matías Villa. Un acercamiento (parte 2)

Agosto 10, 2007 · Dejar un comentario

Alguien postea en mi post sobre lo que Matías escribió.

Me duele el estómago al darme cuenta que es él.

“No pidas perdón nena (Me dijo nena? Cómo supo que me encanta eso?). Hubieras hecho un copy-plagio, y reemplazado con tus queridos y frecuentes los nombres que allí aparecen. Como mi me dan ganas de hacerlo a veces con cosas tuyas. (O-se-a. También le encanta cómo escribo, me está piropeando. Esto podría interpretarse casi como un “escribes tan bien que me gustaría escribir como tú”)
Gracias por lo demás.”

O-se-a, les gusto? Tendrá él también el código que yo manejo, el de buen escritor=persona cachonda que me puede gustar?

Tenemos que averiguarlo. Y pronto, que ya voy para los dos años sola y me estoy aburriendo.

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Matías Villa. Un acercamiento (parte 1)

Agosto 10, 2007 · Dejar un comentario

Como todos los días, entro a su blog.

Lo que leo esta vez, me encanta:

Cortarse.

Cuando uno actúa de una forma diferente a como le nace. Cuando uno quiere saludar y se están despidiendo de uno. Cuando la energía no fluye entre las personas, sino que se interrumpe, por alguna razón se establece una muralla. Cuando todo el ímpetu que viene del alma, se queda estancado en el cerebro, en la cara con una expresión desconcertada y anhelante, en las mejillas y su rojez. Cuando uno planea hacer algo, antes de hacerlo. Y todo esto es culpa de las estúpidas reglas de la sociedad, que nos dice que para ser queridos y ser bacanes, para dejar de sufrir por roturas de corazón, hay ciertas ocaciones en las que uno debe bajar una pata a modo de ancla del tobogán energético, como una vieja cobarde. Todo esto también es culpa de la tecnología y el messenger. Cada vez la distancia es menos un problema para el hombre, y uno empieza a camuflar la expresividad y las emociones en zumbidos, mensages de textos, letras llenas de seguridad y planeamiento que nos tienen unidos constantemente en una tonalidad tenue, sin olores ni cejas, ni abrazos ni coherencia.
El arte también es un aliciente para cortarse; la maldita obsesión del ser humano de crear, de expresar sus energías internas en algo externo que pueda ser admirable, que por consiguiente, de alguna forma retorcida, convierta en admirable su mundo interno. La tramap de crear es que la obra se puede arreglar, se le puede agregar a medida que van ocurriendo ideas. El arte no debiera ser acumulativo ni tener la intención de perdurar, si no simples actos y expresiones. Simplemente una fluidez energética expresada en conductas.

No sé porque me corto en decirte que me podría enamorar de tí. Darle un beso al Juan, Al José a la Romi y la Maritza que los quiero. Decirle a mi viejo tantas cosas que entre hombres no se dicen. Decirle a los Marco, a los Manolos Luises y a las Saras que los admiro, que van bien en la vida, aunque no lo vean. No se porqué me corto en decirle Al Pablo y Al Carlos que me encantaría ser más amigo de ellos. Me corta pedir perdón y desconfirmarle a alguna gente que cree que les tengo mala onda. Me corta escuchar la música que me gusta en frente de otra gente, y bailar como lo hago cuando estoy solo. Me corta cantar con alguna gente, y canto tan afinadito con otra gente. En fin, cuesta sintonizarse, porque cuesta salir a la calle.

Me sentí tan profundamente conmovida por su post que no me quedó otra que linkearlo directamente en uno de mis post (Escribo: “Matías, lo siento. Este es el post más jodidamente cabrón que he leído últimamente y tengo que linkearlo porque necesito que todo el mundo lo lea y sepa que me identifico plenamente.”). Se trata de el halago más grande que le he hecho a alguien. Sé que es cybernético (en vivo he hecho mucho mejores) pero vamos, ni siquiera lo conozco.

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Matías Villa. Un posteo.

Agosto 3, 2007 · Dejar un comentario

Tal como yo lo esperaba, pica el anzuelo. Es el primero es postear.

“No tengo idea de lo que hablas. Me haces sentir poco viril.
Pasé a decirte que te linquié
Besos”

No tengo idea de lo que hablas. Me haces sentir poco viril. Wow. No tiene idea de fútbol. Eso es cierto, mi post hablaba sobre la elección del futuro entrenador del equipo de fútbol nacional, cosa que se ha discutido en primeras planas y en todos lados, en realidad. No tiene idea, pero se ríe al respecto, lo cual lo convierte en un lindo. Bromea al respecto, lo cual incrementa su potencial de inteligencia que yo puedo ver en él, lo cual lo convierte en un muy-lindo.
Pasé a decirte que te linquié. Me linkeó. Estamos al mismo nivel. Me linkeó, o osea, no sólo me lee y me postea, sino que además le gusta como escribo y me releva al selecto grupo de sus linkeados, de la gente que seguirá próximamente, de la gente que le agrada. No es sólo lindo, me gusta.
Besos. Me acaba de mandar besos? Le gusto? Dios mío, no sólo es lindo, no sólo me gusta. Creo que me encanta.

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Matías Villa. Lo que sucedía antes de su llegada.

Agosto 1, 2007 · Dejar un comentario

Antes de seguir hablando de lo que sucedió a continuación con Matías, tengo que contar en qué andaba yo.

Justo es esa época, ya cumplía más un año y medio de soltería, donde había habido mucho sexo, drogas blandas, alcohol y romances pasajeros. Pero ya quería algo serio. Alquien a quién querer. Alguien que me quiera. Había buscado infructuosamente, hasta que pensé que había dado con algo que, según yo, podría dar resultados. El chico (también blogger, vaya a saber yo por qué me gustan tanto los chicos con blog que escriben bien) y yo teníamos amigos en comúm, y había pasado una temporada en Italia. Estando él allá, empezamos a mandarnos mails regularmente, recomendándonos discos, discuetiendo sobre el amor y otras vainas, contándonos anécdotas y cosas por el estilo. Incluso llegamos a mandarnos cartas. Las mías fueron muy elaboradas, con compilados editados en discos chiquititos (de cinco canciones cada compilado, el primero se llamó “cancionea para renovar la sonrisa”, el segundo se llamó “las delicias de la música chilena que te estás perdiendo en vivo” y así…) y él me mandaba otras cosas, simbólicas en su mayorías, como arena cuando visitó egipto, y cosas por el estilo.

La cosa es que cuando él llegó a Chile nos juntamos sólo una vez, la cual yo estuve tan nerviosa que no atiné a decir nada inteligente y quedé como una estúpida. No volvió a hablar me nunca más. Hola y Chau, se acabó.

Yo me encontraba terriblemente triste y no hacía nada más que quejarme en mi blog por el enojo que me provocaba saber lo buena mujer que soy y darme cuenta que el hombre que me gustaba no era capaz de notarlo. Así, lo bauticé “El Lindo Culia’o” y posteaba sobre él, a veces, cuando no daba más de el enojo.

Ya estaba claro que el Lindo culia’o no me pescaría, así que me podía dar el gusto de desprestigiarlo como se me antojase.

Y ya se me estaba pasando el gusto por él. Volvía a estar desesperada por encontrar a quién querer.

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Matías Villa. Donde todo comienza (parte 3).

Julio 30, 2007 · Dejar un comentario

“Se te ve una chica sana y roquera. Me gustó como escribes, me gustó el celeste y tu perro
supongo que nos estaremos leyendo.”

Posteó, finalmente.

Ahora sí miro sus fotos. No lo muestran mucho, realmente. Son photoshopeadas, con cosas chistosas. Lo es precisamente un guapo, según las fotos. Tiene cara de cuico. Rubio y ojos azules. No me gusta, pero decido darle una chance, debido a cómo escribe.

Cuando un hombre escribe bien, debo hacer un paréntesis para explicar esto, me calienta terriblemente. Cuando veo hombre escribe bien, pasa directamente al corral mental que tengo que “hombres potencialmente buenos folladores”, vaya a saber dios por qué. Por eso nunca perdono las faltas de ortografía, y si a la buena escritura se suma una caligrafía bonita, me enamoro. Sin ir más lejos, de mi primer novio me enamoré cuando recibí su primera carta en mi casa. Y mi primer novio, de guapo, nada. Gordo, más bajo que yo. Ni siquiera rostro tierno, o algo que inspirase algún buen sentimiento. De guapo, repito: nada. Mi primer novio ahora es un muy buen novelista, para cuando yo lo conocí ya había ganado premios y le habían publicado un par de cuentos, teniendo él 17. Le regalé mi virginidad (él 18, yo 16) sin absolutamente ningún reparo y hasta el día de hoy no me arrepiento.
Una vez explicado esto, ejemplo incluido, continúo:

Finalmente posteó. Cada vez que postea un hombre en mi blog, debo admitirlo, me duele un poco el estómago porque en el posteador veo un potencial romance.

En este caso la sensación es aún mayor, ya que efectivamente me encanta como escribe Matías. No sé qué pensar. No sé ni qué postearle, pero sé que hay que mantenerse vigente, así que tengo que postearle de vuelta.

Dejo pasar algunos días, dejo pasar algún posteo suyo. No estoy desesperada, ok?

Le dejo un piropo corto. Una palabra: “Genial”.

Tiene que responder pronto. Para dejarle más limpio el camino, dejo un post nuevo en mi blog. Uno divertido donde comento realidad noticiosa deportiva, así se nota que sé de fútbol, así se nota que tengo mucho empatía con el género masculino, pero hago el análisis inocente y en clave de humor para mantener mi lado femenino intacto.

Tiene que postear, tiene que postear. Y lo hará.

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