Lugar equivocado n°1: La cama de Jaime, el tonto fácil. Un par de semanas atrás.
Hablamos con Jaime acerca de nuestros respectivos días. Él me cuenta cosas que no me interesan.
O bueno, para ser un poco generosa: son cosas que sí me podrían interesar si me las contase alguien un poco más inteligente, alguien con un poco más de chispa. Yo hago un breve resumen de mi agotadora vida, pero siempre dejando entrever que me queda pila de sobra para toda la noche.
No tardamos demasiado en sacarnos la ropa. Es agradable, aquello. Dos cucharadas y a la papa, diría el Yegua. Mientras lo miro en sus boxers vuelvo a entender por qué insisto en volver ahí: su cuerpo es perfecto, como de modelo de ropa interior Calvin Klein. El mismo torso perfecto, delgado, esculpidísimo, pero no exagerado. El mismo paquete gigantesco debajo del boxer.
En seguida lo desnudo y pienso: Me estoy follando la pija más grande que he visto en mi vida. Como siempre, me lo meto a la boca para corroborar: si me cabe en la boca, me cabrá adentro. Me calienta caer en cuenta de que su pija me entra apenas en la boca. Más aún, me calienta escuchar como se queja semisilencioso.
Luego me incorporo y gateo hacia su boca; me acerco, mas no lo beso, sino que me voy directo a su oreja.
- Si sientes que voy a gritar, me tapas la boca, prométemelo. – Digo, pensando que Jaime vive con tres chicas, una de las cuales es mi amiga y compañera de trabajo.
- Te lo prometo. – Contesta él, y mientras lo dice yo tomo su pija enorme con mi mano derecha, mientras con la izquiera me abro el coño y comienzo a administrar lentamente como me la mete. Lo hago tan lento que su desesperación por metérmela entera puedo llegar a olerla. Lo disfruto. Antes de que llegue hasta el fondo, me salgo casi entera; dejo sólo la punta de pu pija en la entrada de mi coño.
Y me quedo así por un rato. Cuando ya no podemos más de calientes – yo también estaba desesperada por que me la metiese entera – me agarra la cintura con fuerza y me penetra hasta el fondo. Me duele. Ambos gritamos contenidos.
Luego lo cabalgo por varios minutos. Gloriosos para él, que se muerde los labios para no gritar (sé lo que tipeo: hemos estado solos en reiteradas ocasiones y – la gloria!!! – grita muchísimo). Al cabo que yo empiezo a perder el ritmo, Jaime se inquieta y me pone en cuatro, me embiste, hace que me duela, con una mano se afirma y con la otra me tapa la boca, lo lo muerdo, grito contenida, el grita también.
Me despero por recuperar mi posición, lo siento en la cama con sus pies apoyados en el piso, y comienzo a cabalgarlo nuevamente, esta vez él también marca el ritmo a ratos. Me come los pezones, me agarra el culo con ambas manos para dirigir mis movimientos. Y mientras eso se me arranca un grito tan grande que él atina a cerrarme la boca.
Ahí, jadeante y ya sabiendo que debo hablar despacio, emito casi como susurro, casi entre sollozos: Ma…tí…as… Vi….lla…, follas como debe follar dios.
El grita, está terminando. Yo acabo una, dos veces. Luego me tumbo a su lado y por primera vez en minutos abro los ojos: No estoy en mi casa. Ni estoy con Matías. Estoy con Jaime, que a mi lado me masajea la espalda, y ante mi no-respuesta se levanta por un pucho. Lo contemplo (mencioné ya su cuerpo digno de Calvin Klein Underwear?) mientras se acuesta a mi lado, dice un par de cosas que yo respondo con monosílabos, y se duerme.
Yo no duermo. Esto debería acabarse aquí, pienso. Esto debería acabarse aquí.
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